Martín Díaz / Periodismo con Firma
El fantasma de Francisco García Cabeza de Vaca sigue apareciendo en Palacio Nacional. Esta vez, la conversación sobre el exgobernador de Tamaulipas terminó con una propuesta que podría alcanzar a muchos mexicanos que ni lo conocen, ni lo apoyan, ni tienen cuentas pendientes con la justicia.
La presidenta Claudia Sheinbaum planteó que quienes aspiren a la Presidencia de la República o a una gubernatura tengan únicamente la nacionalidad mexicana. Lo hizo al hablar del caso del exmandatario y de las dificultades para conseguir su extradición desde Estados Unidos.
El problema tiene nombre y apellido. La medida, en cambio, podría alcanzar a toda una comunidad.
En la frontera sabemos que tener doble nacionalidad no es una rareza ni una declaración de lealtad a otro gobierno. Es parte de la vida de muchas familias. Hay padres mexicanos cuyos hijos nacieron del otro lado y regresaron a crecer, estudiar y trabajar aquí. Personas que tienen documentos de dos países, pero cuya casa, familia y trabajo están en México.
Para muchos padres, esa posibilidad representó una manera de ampliar las oportunidades de sus hijos. No estaban formando futuros traidores a la patria. Estaban procurando un mejor futuro para su familia, como lo hace cualquier padre con las herramientas que tiene a su alcance.
Ahora resulta que esa decisión podría convertirse en un obstáculo si alguno de esos hijos quisiera gobernar su estado o su país.
Todavía no hay que dar por aprobada una prohibición que apenas se plantea. Falta conocer la propuesta y sus alcances. Pero precisamente por eso es momento de discutirla: antes de que el respaldo a la Presidenta se convierta en votos y los ciudadanos afectados se enteren cuando todo esté decidido.
Cabeza de Vaca tiene sus propios problemas y tendrá que resolverlos ante las autoridades correspondientes. Su aspiración presidencial tampoco significa que tenga el camino libre. Ya en 2024, el Tribunal Electoral le canceló una candidatura a diputado federal por considerar que estaba sustraído de la justicia.
Defender los derechos de los ciudadanos con doble nacionalidad no obliga a defender al exgobernador. Cada quien debe responder por sus actos, no por compartir con él la circunstancia de haber nacido en Estados Unidos o contar con otra nacionalidad.
Si cometió delitos, que se acrediten. Si existen impedimentos para que sea candidato, que se apliquen. Lo que necesita una explicación es por qué su caso tendría que servir para levantar nuevas barreras frente a otros mexicanos.
Además, ya existen reglas sobre nacionalidad y requisitos para ocupar esos cargos. Antes de cambiarlas, el gobierno tendría que explicar qué les falta. ¿El problema está en las leyes o en que no han conseguido resolver el expediente de Cabeza de Vaca?
La pregunta importa porque tener un solo pasaporte nunca ha sido garantía de honradez. Para perjudicar a México no hace falta haber nacido en el extranjero, y para servirle tampoco debería bastar con presumir un acta de nacimiento.
Desde Matamoros hasta Tijuana hay ciudadanos con doble nacionalidad que han hecho su vida en este país. Otros se fueron y mantienen aquí sus familias y sus vínculos. Ninguno tendría que demostrar cuánto quiere a México cada vez que un político se mete en problemas.
La Presidenta puede defender su propuesta. Lo que no debería hacer es dar por resuelta la discusión invocando la soberanía. Tendría que explicar por qué alguien que ha vivido y trabajado en México representaría un riesgo por tener otra nacionalidad, y por qué ese riesgo desaparecería con un trámite o una renuncia.
El origen de esta propuesta permite sospechar que el pleito político está pesando más de lo que debería. Corresponde al gobierno despejar esa sospecha con argumentos y escuchar a quienes podrían resultar afectados, especialmente en la frontera, donde estas historias tienen rostro y son parte de la vida cotidiana.
Que Cabeza de Vaca tenga doble nacionalidad no convierte en sospechosos a todos los mexicanos que también la tienen. Sería como decir que, porque un chilango salió transa, todos los capitalinos lo son. Así de absurdo. Si el exgobernador tiene cuentas pendientes, que las aclare él. ¿Por qué quieren que los demás fronterizos paguemos los platos rotos?
Poco falta para que la reforma diga que no podrá aspirar a ningún cargo de elección popular quien se llame Francisco y se apellide García Cabeza de Vaca.
Que le pongan nombre y apellido a su pleito, en lugar de cobrarle la revancha a toda la frontera.
Ahí están los hechos. Que cada quien saque sus conclusiones.









