Martín Díaz / Periodismo con Firma
Hay que ser claros: la violencia que desangra a Reynosa no es responsabilidad total del joven que heredó la silla municipal. Nadie le pide que detenga las balas con las manos, pero lo que sí es su absoluta responsabilidad —y su más grande fracaso— es la indiferencia criminal y la nula empatía que muestra ante quienes terminan como víctimas de esta guerra que no ha cesado desde hace algunos años.
El silencio que sepulta
Este fin de semana, Reynosa vivió escenas de pesadilla. Un feminicidio que nos revolvió el estómago y un jovencito de apenas 17 años que perdió la vida en una persecución en Los Muros. Ante esto, el pueblo esperaba un gesto, una palabra, una señal de que en el Palacio Municipal habita un ser humano. Pero no. El silencio de Carlos Peña ante el dolor de las familias reynosenses fue absoluto. Para él, las víctimas de la violencia son invisibles porque no encajan en su estética de redes sociales.
Un «ejemplo» que nadie pidió
Mientras el luto recorría las calles, el Alcalde estaba ocupado en su propia realidad paralela. Su atención —exagerada y casi servil— estuvo centrada en Julio César Chávez Jr., un «invitado especial» al que Peña se encargó de pasear y promocionar como si fuera un héroe nacional.
Resulta una total falta de respeto que, en una ciudad donde urge rescatar a los jóvenes de las adicciones y la descomposición, el Alcalde nos quiera vender como modelo a seguir a un personaje cuya carrera ha sido opacada por los escándalos, las recaídas y una vida de excesos que todos conocemos. ¿Ese es el ejemplo que Carlos Peña tiene para nuestra juventud? ¿Un sinaloense con nexos cuestionados y una vida ligada a las sustancias, mientras nuestros hijos mueren en las avenidas por «estar en el lugar equivocado”?
La política del «Selfie» sobre la tragedia
Es la cara más cínica de la administración: mientras le levanta la mano a un ídolo de barro con pasado turbio, le da la espalda a las madres que lloran a sus hijos. Para el «Junior» del Palacio, es más importante quedar bien con la celebridad de turno que tener la decencia de ofrecer un pésame o exigir justicia por el joven abatido.
La empatía no se compra con los boletos de una función de box ni se finge con las sonrisas de Luli Pampín. La empatía se demuestra estando presente en la tragedia, y ahí, Carlos Peña ha demostrado que tiene el corazón de piedra y la mirada puesta únicamente en la próxima elección.
El veredicto de la calle
Reynosa tiene memoria. No hay espectáculo que oculte la realidad: mientras el Alcalde se desvive por levantarle la mano a un ídolo empañado, le ha soltado la mano a un pueblo que se desangra en la soledad de su tragedia.
Hay están los hechos que cada quién saque sus conclusiones.








