SU EXCELENCIA (1650 x 2000 px)
Martín Díaz / La Nube
En Altamira, algo huele a desesperación… y no es precisamente el humo del último incendio que evidenció la absoluta falta de capacidad del gobierno municipal para enfrentar una emergencia. Es el humo digital —ese que deja la huella de una campaña mal armada, mal pensada y peor ejecutada para salvar la imagen del “EXCELENTE” Alcalde Armando Martínez.
Porque si algo abunda en las redes sociales del edil no son las obras, ni las acciones contundentes, ni las soluciones concretas… no, señor. Lo que abunda es la palabra “excelente”. Excelentes comentarios. Excelente servicio. Excelente alcalde. Excelentísimo todo. Tan excelente, que resulta sospechoso.
Un análisis realizado a las respuestas en sus publicaciones en Facebook revela que en tan solo una de sus publicaciones (una sola, ¡una!) se repite la palabra “excelente” 49 veces. Sí, leyó usted bien: cuarenta y nueve veces. Este patrón se repite en las últimas publicaciones del alcalde Y con eso se cae la máscara de la “espontaneidad” digital.
Lo que a todas luces parece ser un equipo de contención (¿excelente también?) está intentando apagar el fuego de la indignación ciudadana con respuestas repetitivas de halago hacia el Alcalde. Pero el intento es tan burdo que más que a estrategia, suena a orden de oficina: “Comenten algo bueno del jefe… pero pónganle ‘excelente’ para que se note que es positivo.”
No se tomaron ni la molestia de variar el adjetivo, de disimular el copypasteo emocional. A todas luces, una operación de limpieza orquestada desde el escritorio de algún asesor “excelente” que sigue creyendo que la gente en redes se chupa el dedo.
Lo triste no es solo el ridículo que hacen, sino que lo hacen con nuestros impuestos. Porque muy probablemente quienes están detrás de esta “excelente campaña” son empleados municipales que, en vez de trabajar por Altamira, están tratando de salvarle la cara al que debería estar dando la cara… y no likes.
El “excelente” alcalde, como le llaman sus bots (o sus subordinados obedientes), ha demostrado que lo suyo no es gobernar, sino organizar fiestas, montar escenarios y fingir que todo está bajo control. Y mientras la ciudad arde —literalmente— él se esmera por cuidar su imagen en Facebook.
Lo que no han entendido sus asesores es que para que algo suene genuino, tiene que ser genuino. Y repetir la misma palabra como mantra no convence a nadie… más bien confirma lo que todos sospechaban: que el barco hace agua, y que el capitán, en lugar de achicar, se está tomando selfies.
Así que sí, Alcalde, su equipo es excelente… excelente material para mostrar lo que no se debe hacer en comunicación política.