Martín Díaz / Periodismo con Firma
El silencio de Claudia Hernández ante el caso de Francisco García Cabeza de Vaca podría tener una explicación sencilla: le conviene.
Pronunciarse contra el exgobernador fortalecería su identificación con Morena, pero también podría cerrarle puertas entre operadores panistas y grupos que todavía conservan votos, relaciones e influencia en Reynosa.
Claudia quiere ser presidenta municipal en 2027 y, para conseguirlo, necesita sumar apoyos. Por eso parece decidida a no confrontarse con ninguno de los sectores que mañana podrían ayudarla.
La presidenta Claudia Sheinbaum ha declarado que Cabeza de Vaca es considerado prófugo de la justicia, que existe una orden de aprehensión en su contra y que México ha solicitado a Estados Unidos su extradición.
Importantes figuras de Morena respaldaron esa postura. Incluso el senador José Ramón Gómez Leal se pronunció contra su propio cuñado.
Claudia Hernández no lo hizo.
No se le conoce una declaración específica respaldando a Sheinbaum, exigiendo que avance el proceso judicial o respondiendo a las acusaciones de persecución política lanzadas por el exgobernador.
Y no es la primera vez que prefiere callar. En las fuentes públicas revisadas, la misma conducta puede observarse en tres momentos clave.
En 2022, cuando el PAN impugnó el triunfo de Américo Villarreal y Morena movilizó a sus principales cuadros para defender la elección, no se encuentra una intervención pública relevante de la diputada.
En 2024, mientras Morena y el Partido del Trabajo enfrentaban legalmente la candidatura plurinominal de Cabeza de Vaca para impedir que obtuviera fuero, Claudia tampoco figuró entre las voces públicas del movimiento.
La historia se repitió en 2026. Ante la confirmación presidencial de que México mantiene vigente la solicitud de extradición, la legisladora volvió a mantenerse al margen.
Tres momentos decisivos y el mismo silencio.
La explicación podría encontrarse en la geometría política que Claudia pretende construir rumbo a la alcaldía.
Uno de los principales padrinos políticos que se le atribuyen es José Ramón Gómez Leal, hermano de Mariana Gómez Leal, esposa del exgobernador.
Dicho sin rodeos: uno de los padrinos políticos atribuidos a Claudia es cuñado de Cabeza de Vaca y tío de sus hijos.
Aunque JR milita en Morena y ha marcado distancia pública de su cuñado, las relaciones familiares y políticas construidas durante años en Reynosa no se borran por decreto partidista.
A ese vínculo se suma la cercanía de Claudia con Maki Ortiz y Carlos Peña Ortiz.
La diputada carece de una estructura territorial propia suficiente para ganar la ciudad, mientras que el grupo que acumula una década en el poder local cuenta con una maquinaria capaz de movilizar votos.
Claudia aportaría la marca guinda; el makiato pondría los operadores. Y el silencio frente al cabecismo mantendría abiertos los puentes con la vieja estructura panista.
No existen pruebas de una alianza formal pactada con el cabecismo, pero evitar la confrontación le permite presentarse como morenista sin romper con sectores que todavía simpatizan con Cabeza de Vaca y que podrían resultarle útiles en 2027.
Una candidatura guinda por fuera, sostenida por viejas estructuras panistas y con los cuernos todavía asomándose por dentro.
Porque en política el silencio no siempre significa prudencia: cuando se repite en los momentos clave, también puede revelar complicidades.
Ahí están los hechos. Que cada quien saque sus conclusiones.









