Tras la salida de Mario Soria a Seguridad Pública, el Ayuntamiento de Reynosa ignora deliberadamente el Código Municipal al no reportar una vacante que no tiene suplencia; una omisión que vicia la legalidad de las decisiones municipales para proteger el círculo íntimo del poder.
Martín Díaz / Periodismo con Firma
En Reynosa, el Cabildo opera en la ilegalidad y nadie en el Palacio Municipal parece tener prisa por corregirlo. La reciente salida de Mario Soria, el «Comandante Pañales», para asumir la titularidad de Seguridad Pública, ha dejado una regiduría vacante que, por ley, no puede ser llenada por un suplente, simplemente porque no lo hay. Ante este escenario, el Código Municipal para el Estado de Tamaulipas es tajante: el Ayuntamiento tiene la obligación inmediata de notificar al Congreso del Estado para que sea la Legislatura quien designe a un sustituto.
Sin embargo, el alcalde Carlos Peña Ortiz ha optado por el silencio. No hay registro de que se haya informado a Ciudad Victoria sobre este hueco en el cuerpo colegiado. Esta omisión es una estrategia para mantener el control absoluto de una silla que consideran propia, evitando que alguien ajeno al grupo en el poder entre a vigilar las decisiones del municipio. Mientras el Congreso no sea notificado, el Cabildo de Reynosa sesiona incompleto, viciando de nulidad cada acuerdo y cada acta que se firme bajo esta irregularidad.
El «carrusel» de los afectos
Esta maniobra de ocultamiento tiene un beneficiario directo y una razón de ser que trasciende lo profesional. Mario Soria se ha convertido en el «comodín» de lujo de la administración, saltando de la regiduría a cargos operativos según el humor o la necesidad de su jefe. Esta rotación delata una proximidad íntima y una simbiosis de confianza entre el alcalde y Soria que parece estar por encima de cualquier manual de ética pública.
No se busca al más apto para cuidar la seguridad de los reynosenses, sino al más cercano. Y para mantener esa cercanía, el alcalde está dispuesto a «secuestrar» una regiduría, manteniéndola acéfala para que su incondicional pueda volver a ella cuando su querido jefe así lo dicte.
Incompatibilidad y desprecio al voto
El juego de las licencias constantes es, en el fondo, uso indebido de la figura de licencia. Según el Artículo 165 de la Constitución de Tamaulipas, los cargos de elección popular son obligatorios y solo renunciables por causa justificada. No se puede ser parte del cuerpo que fiscaliza y, al mismo tiempo, el brazo ejecutor subordinado al Alcalde. La licencia no borra la incompatibilidad funcional: se está anulando una posición de vigilancia ciudadana para fortalecer una posición de obediencia personal.
Reynosa hoy es gobernada por un círculo de afectos que desprecia el mandato de las urnas. Cada día que pasa sin que el Congreso sea notificado, la administración de Carlos Peña suma una raya más al tigre de la ilegalidad. ¿Hasta cuándo los diputados locales permitirán que en esta frontera la ley se detenga en la puerta de las lealtades, afectos y querencias privadas del alcalde?
Punto Crítico: Un Cabildo incompleto es un Cabildo vulnerable. Cualquier ciudadano o actor político tiene hoy los elementos legales para impugnar las decisiones tomadas en lo oscurito. El sustento legal está servido; solo falta ver quién se atreve a señalar que el rey —y su comandante— van desnudos.









