Investigación Especial / Entrega 1
Martín Díaz / Periodismo con Firma
CIUDAD VICTORIA, TAMAULIPAS. Mientras en los campus de la Universidad Autónoma de Tamaulipas (UAT) los estudiantes lidian con salones sin aire acondicionado en pleno verano, laboratorios con equipo obsoleto y facultades que suplican por presupuesto básico, en las alturas de la alta burocracia universitaria la realidad parece transitar por una ruta distinta. El discurso oficial de la Rectoría presume con bombo y platillo una transformación institucional, pero en el hangar universitario las prioridades quedan al descubierto: el avión destinado a la investigación científica es el más modesto de la flota, mientras la aeronave más costosa permanece bajo control de la Rectoría.
Detrás de las fotografías institucionales y los comunicados de prensa, los archivos de Transparencia del Estado revelan una historia de contrastes que abre preguntas incómodas sobre las verdaderas prioridades de la máxima casa de estudios.
El sensor millonario en las alas de la austeridad
El núcleo de la contradicción se encuentra en un sofisticado sensor tecnológico adquirido recientemente por la institución con fines de investigación científica y mapeo de alta precisión. Se trata de un equipo especializado diseñado para realizar estudios de relieve, recursos naturales y desarrollo tecnológico. Su adquisición fue presentada como un avance importante para las capacidades de investigación de la Universidad.
Pero al momento de ejecutar la instalación, la Rectoría no destinó su mejor infraestructura.
Los documentos oficiales confirma que este equipamiento científico de vanguardia fue montado en la aeronave más modesta, antigua y limitada de toda la flota universitaria. Los investigadores deben realizar sus jornadas de toma de datos en un avión que opera con capacidades muy inferiores a las de la aeronave ejecutiva más costosa del hangar.
El «Águila Ejecutiva» de 34 millones
Mientras los investigadores operan desde la aeronave más modesta, el verdadero orgullo de la flota aérea universitaria recibe un trato diametralmente opuesto.
A través de solicitudes de acceso a la información, La Nube tuvo acceso a las valuaciones y asignaciones operativas de las aeronaves. El avión más costoso del hangar, un modelo ejecutivo King Air con matrícula XC-UAT, cuenta con un valor patrimonial estimado de 34 millones 672 mil 796 pesos.
Cualquiera pensaría que una plataforma aérea de esa estabilidad, alcance y costo sería la primera opción para resguardar y operar equipo científico de alta especialización.
Sin embargo, los documentos revisados por La Nube muestran que la aeronave de mayor valor patrimonial aparece destinada prioritariamente a los traslados del rector Dámaso Anaya, mientras la investigación científica opera desde el avión más modesto del hangar universitario.
¿Investigación o simulación?
El contraste resulta todavía más llamativo porque la propia UAT ha utilizado la adquisición del sensor como uno de sus principales argumentos para presentar la operación aérea universitaria como una herramienta de investigación y desarrollo tecnológico.
La brecha económica entre ambas aeronaves deja una pregunta incómoda flotando en el aire de Ciudad Victoria: ¿la prioridad de la Universidad es fortalecer la investigación científica o mantener una estructura aérea enfocada principalmente en los traslados de la alta burocracia universitaria?
La colocación del sensor científico en la aeronave de menor valor patrimonial puede servir para proyectar una imagen de modernización e innovación tecnológica. Sin embargo, los documentos revisados muestran que la aeronave de mayor valor patrimonial permanece fuera de las tareas científicas que hoy se utilizan para justificar la existencia de la flota universitaria.
La ciencia vuela en la aeronave más modesta de la Universidad. El rector viaja en la más costosa.
Ahí están los hechos. Que cada quien saque sus conclusiones.
Esta es la primera de varias entregas. Mañana en La Nube: las bitácoras de vuelo, los destinos recorridos, los costos de operación y el uso de las aeronaves universitarias bajo la administración de Dámaso Anaya.









