Por: Martín Díaz / La Nube
El Senado de la República alcanzó un nivel de bajeza moral sin precedentes bajo la conducción de Gerardo Fernández Noroña. En un acto que despoja de toda autoridad a la senadora Sosa, la bancada de Morena transformó el recinto en una arena de impunidad al corear y vitorear al senador Raúl Morón Orozco, señalado directamente por la viuda de Carlos Manzo como el responsable de haber mandado asesinar a su esposo, quien se encontraba presente en el Congreso.
El triunfo de la impunidad sobre el dolor
Resulta aterrador que, mientras una mujer clamaba justicia por el homicidio de su compañero de vida, la representación del Estado de Tamaulipas, encabezada por la senadora Sosa, se uniera al júbilo partidista para blindar a un sospechoso. Noroña, quien suele victimizarse y llorar ante cualquier señalamiento, dirigió esta orquesta de agresiones verbales, demostrando que en el Senado de la «transformación», el feminismo es letra muerta.
El contexto es de una crueldad absoluta: Grecia Quiroz, viuda del activista y político michoacano Carlos Manzo (asesinado en noviembre de 2025), acudió al recinto legislativo no solo como ciudadana, sino como la voz de un movimiento que exige respuestas. La respuesta que recibió de la mayoría oficialista no fue la apertura al diálogo, sino el estruendo de un nombre: «¡Morón, Morón!». Corear el apellido del hombre a quien la víctima acusa de autoría intelectual, mientras ella los observa desde la tribuna, es un acto de sadismo político.
El feminismo de «Sosa»: Una simulación peligrosa
Para las mujeres de Tamaulipas, este acto es una traición directa. La senadora Sosa, cuyo único mérito que presume es haber impulsado la «A» en el cargo de «Presidenta», dejó claro que su feminismo es una falacia. ¿Cómo puede hablar de proteger a las mujeres quien se dedica a ovacionar al presunto asesino del esposo de una mujer que tiene enfrente? La perversidad de esta actitud muestra que, para Sosa, la sororidad termina donde empieza la disciplina de su bancada.
Un cargo público manchado de indolencia
¿Realmente queremos que personajes con esta calidad humana sigan representando al Estado? La dignidad de las víctimas no es negociable. Vitorear a un sospechoso de homicidio como Raúl Morón frente a la viuda que exige justicia no es política; es una exhibición de poder autoritario y una falta de respeto total a la vida humana. El fuero constitucional no debería ser un escudo para la burla, ni el Senado un refugio para quienes prefieren el aplauso grupal antes que la decencia frente al dolor ajeno.









