JULIO 21
Martín Díaz / Periodismo con Firma
Alejandro Rojas Díaz Durán hizo de la denuncia política una de sus principales banderas. Durante años convirtió los señalamientos de presuntos vínculos con el crimen organizado en una de sus herramientas más recurrentes para confrontar a quienes identificó como adversarios.
Francisco García Cabeza de Vaca, Américo Villarreal, Andrés Manuel López Obrador y, más recientemente, Claudia Sheinbaum, formaron parte de esa larga lista. En todos los casos el argumento fue prácticamente el mismo: cualquier personaje relacionado, aunque fuera por señalamientos públicos, con el crimen organizado estaba obligado a ofrecer explicaciones inmediatas.
Ese fue el rasero con el que Alejandro Rojas Díaz Durán juzgó durante años a sus adversarios. Para Rojas, quien callaba frente a un señalamiento perdía el beneficio de la duda.
Sin embargo, la congruencia política suele ponerse a prueba cuando las preguntas dejan de apuntar hacia los adversarios.
El silencio frente al espejo
Hace unos días comenzó a circular un video atribuido a un grupo que se identifica como parte del Cártel de Sinaloa. En la grabación se menciona al gobernador de Zacatecas, David Monreal, y se habla de presuntos acuerdos incumplidos. El contenido del video no constituye una prueba y corresponde exclusivamente a las autoridades investigar su autenticidad y esclarecer los hechos. Convertir las afirmaciones de un grupo criminal en una verdad absoluta sería tan irresponsable como ignorarlas sin investigación.
Pero el episodio sí plantea un cuestionamiento político inevitable.
Alejandro Rojas Díaz Durán ha mantenido durante años una estrecha cercanía con Ricardo Monreal. Fue su suplente en el Senado y uno de los más visibles defensores del grupo monrealista. Esa relación nunca ha sido un secreto; por el contrario, ha formado parte de su trayectoria política.
A esa cercanía política se suma un contexto que tampoco puede ignorarse. Zacatecas, estado gobernado por David Monreal y cuna de una de las familias con mayor influencia política del país, ha vivido durante los últimos años una de las etapas más violentas de su historia reciente. La disputa entre grupos del crimen organizado ha colocado de manera recurrente a la entidad entre las más afectadas por homicidios, desapariciones y otros delitos de alto impacto. Pese a ello, Alejandro Rojas Díaz Durán no ha hecho de esa crisis una de sus principales causas públicas, ni ha mantenido el mismo tono de exigencia que utilizó frente a otros actores políticos.
¿Congruencia o conveniencia?
Por eso resulta inevitable preguntarse dónde quedó el personaje que exigía explicaciones inmediatas cada vez que un adversario aparecía relacionado con un tema de esta naturaleza.
Hoy ocurre exactamente lo contrario. Alejandro Rojas Díaz Durán no ha exigido explicaciones públicas al grupo político con el que ha estado identificado durante años, ni ha mostrado la misma energía con la que reclamó respuestas a sus adversarios cada vez que surgía un señalamiento de esta naturaleza.
No se trata de exigirle que dé por ciertas las afirmaciones contenidas en un video atribuido a un grupo criminal. Sería irresponsable. Tampoco de condenar a persona alguna sin pruebas ni investigaciones concluidas. Lo que sí resulta válido es preguntarle si el criterio que utilizó para medir a Cabeza de Vaca, Américo Villarreal, López Obrador o Claudia Sheinbaum seguirá siendo el mismo cuando los señalamientos alcanzan al grupo político que impulsó buena parte de su carrera.
Alejandro Rojas Díaz Durán suele reivindicar, cuando el discurso político así lo requiere, sus raíces tamaulipecas y presentarse como una voz crítica frente al poder. Pero la credibilidad no depende del número de acusaciones que se lancen, sino de la consistencia con la que se sostienen los principios.
Quien durante años hizo del cuestionamiento permanente su principal bandera no puede sorprenderse cuando la opinión pública le exige el mismo estándar que él impuso a los demás.
Si el criterio cambia según el apellido o el grupo político, entonces no hablamos de congruencia, sino de conveniencia.
Ahí están los hechos. Que cada quién saque sus conclusiones.









