Por: Martín Díaz
La Universidad Autónoma de Tamaulipas enfrenta rezagos visibles en infraestructura, equipamiento y mantenimiento de instalaciones en distintos campus del estado. En ese contexto, los documentos oficiales de la institución revelan una intensa actividad aérea financiada con recursos públicos cuya utilidad para la comunidad universitaria sigue sin estar plenamente explicada.
La Rectoría ha insistido en presentar el uso de las aeronaves universitarias como parte de sus labores de vinculación institucional. Sin embargo, la información obtenida mediante solicitudes de transparencia permite observar un patrón que abre interrogantes legítimas sobre las prioridades de la máxima casa de estudios.
La universidad se negó a proporcionar los itinerarios detallados de sus aeronaves, reservando información fundamental sobre los destinos y propósitos de los vuelos. No obstante, las bitácoras oficiales autorizadas por la Agencia Federal de Aviación Civil (AFAC) permiten conocer la frecuencia de operación de la aeronave más emblemática del hangar universitario: el Beechcraft King Air B200 matrícula XC-UAT, utilizado principalmente por la Rectoría y la alta burocracia universitaria.
Los registros muestran una actividad aérea constante durante todo el periodo analizado. Octubre acumuló 17 vuelos y diciembre registró otros 13 en apenas quince días. Son cifras que hablan por sí mismas.
Cada despegue implica combustible, mantenimiento, tripulación y horas de operación pagadas con recursos públicos. Recursos que dejan de estar disponibles para otras necesidades universitarias. La discusión no es si el rector puede viajar; la discusión es si una universidad con aulas deterioradas, necesidades de equipamiento y rezagos de infraestructura puede darse el lujo de mantener una agenda aérea tan intensa para su alta burocracia.
Aunque la UAT ocultó los destinos específicos en su respuesta de transparencia, los tiempos de vuelo permiten realizar algunas observaciones relevantes. La mayoría de los trayectos registrados presentan duraciones superiores a una hora, mientras que los vuelos cortos, compatibles con desplazamientos entre regiones universitarias dentro de Tamaulipas, representan una proporción considerablemente menor de la actividad observada en las bitácoras.
El dato resulta significativo porque la Universidad Autónoma de Tamaulipas cuenta con presencia en prácticamente todas las regiones del estado. Campus, facultades y unidades académicas operan en ciudades como Nuevo Laredo, Reynosa, Matamoros, Valle Hermoso, Ciudad Victoria y El Mante, entre otras sedes universitarias.
Si la aeronave utilizada principalmente por la Rectoría tuviera como objetivo prioritario recorrer las regiones universitarias, supervisar instalaciones, fortalecer la vinculación académica o mantener contacto permanente con la comunidad estudiantil, cabría esperar una mayor presencia de vuelos de corta duración dentro del territorio tamaulipeco. Sin embargo, los registros muestran un patrón distinto.
La ausencia de información sobre los destinos impide conocer con precisión el propósito de cada desplazamiento. Sin embargo, los tiempos de vuelo reflejan una actividad aérea que no parece estar concentrada principalmente en recorridos internos por las distintas regiones universitarias del estado.
La universidad decidió reservar los destinos específicos de los vuelos. Por ello, corresponde a las autoridades universitarias explicar no sólo a dónde viajó la aeronave, sino también cuáles fueron los beneficios concretos que esos desplazamientos generaron para la comunidad universitaria.
La ruta del dinero público y el uso de los bienes institucionales no deberían ser un secreto en una universidad sostenida por los contribuyentes. Ahí están las bitácoras. Ahí están las horas de vuelo. Ahí están las frecuencias de operación de una aeronave mantenida con recursos universitarios.
La investigación está completa. Los documentos oficiales están sobre la mesa.
Ahí están los hechos. Que cada quien saque sus conclusiones.









