Martín Díaz / Periodismo con Firma
En el lenguaje de los jóvenes, se dice que alguien se gana una ‘estrellita en la frente’ cuando su ingenuidad, su inocencia o su falta de luces lo llevan a hacer exactamente lo que le piden para quedar bien, sin cuestionar nada. Justo así, como alumnos de primaria buscando aprobación, nuestros diputados locales aprobaron el Plan B electoral sin chistar, acatando las órdenes del centro con esa obediencia ciega que ya se les hizo costumbre. El problema es que esa medallita a la sumisión no la pagan ellos; la factura le llegará directamente a los municipios más pobres de Tamaulipas.
La receta del centro, el golpe al pueblo
El «Lado B» de la reforma que apresuradamente y sin chistar acaban de aprobar, señala que todos los ayuntamientos tengan entre 7 y 15 regidores. Para las grandes ciudades suena a ahorro, pero en Tamaulipas tenemos municipios que cuentan solo con 6 regidores. Al aprobar la minuta, los diputados obligarán a 22 municipios a «engordar» su burocracia por decreto. No es opcional; es una imposición que tendrá que acatarse sin chistar.
¿Primero los pobres? Ya nadie se la cree
Para gigantes como Reynosa o Matamoros, quitar regidurías es un respiro. Pero en Mainero, San Nicolás, Miquihuana o Palmillas —donde el peso se disputa entre medicinas o gasolina para la patrulla—, ahora deben inventar dinero para pagarle a un séptimo regidor que nadie pidió. Lo cierto es que se les llena la boca argumentando que «Primero los pobres», mientras obligan a pueblos con presupuestos de hambre a incrementar el número de regidores solo por quedar bien con sus patrones del centro.
El balance de la injusticia
Vámonos a los números que no dijeron en tribuna:
- Ahorro de los ricos: Siete ciudades grandes pierden 42 regidores. Un alivio para los que más recaudan.
- Castigo a los pequeños: Veintidós municipios rurales ahora deben pagar 22 plazas nuevas por decreto.
El ahorro se queda en las cúpulas y el gasto se le encaja a los municipios “chicos”. Aprobar por consigna es renunciar a representar a la gente. Nuestros diputados ya tienen su estrellita en la frente en la CDMX, pero aquí se llevan el reclamo de un estado que padece las ocurrencias de los políticos chilangos.
Con esa estrellita en la frente que se ganan cada que son requeridos en el centro, es como están pasando a la historia: como legisladores que no legislan y que se convirtieron en cómplices de una federación autoritaria.
Al tiempo.









