Martín Díaz | Periodismo con Firma
Hace unos días, José Ramón Gómez Leal decidió colgarse la medalla de la pureza ideológica. En una entrevista reciente, «El JR» se arropó con los principios de Morena y, con una soberbia que raya en el descaro, acusó de intento de “chayote” a cualquier comunicador que cuestione su trayectoria. El problema es que la memoria política de Tamaulipas no sufre de amnesia y su teatrito se cae al primer ventarrón de la hemeroteca.
En el estado, el discurso de la lealtad le queda inmenso a un personaje que ha construido su carrera brincando de rama en rama. Si esta columna lo bautiza como el «Doctor Simi» de la política tamaulipeca, es porque el JR encarna a la perfección esa lógica de mercado: es exactamente igual a los políticos que busca arremedar, pero en una versión pirata, más barata y de mala calidad. Carece de sustancia propia; su estrategia consiste en clonar las marcas de moda, ponerse la botarga del líder en turno y bailar al ritmo que le toquen con tal de mantenerse en el aparador del poder.
Para entender al JR que hoy imita el estilo franciscano, hay que recordar de qué maquila salió su primera copia defectuosa. Sus primeros pasos los dio bajo el cobijo absoluto de su entonces cuñado, Francisco García Cabeza de Vaca. En aquellos años de esplendor panista, José Ramón devoraba el manual de estilo cabecista: adoptó la pose altiva del junior de derecha, la mirada retadora y el discurso empresarial. Al amparo de ese apellido —y sin sudar la camiseta— cobró como regidor en Reynosa en 2008 y se incrustó en el Congreso Local en 2010 por la cómoda lista plurinominal del PAN. Ahí el azul era el color de su devoción porque era la marca que mandaba.
Pero el amor acaba cuando se cierra la llave del presupuesto familiar. En cuanto el grupo cabecista le cerró el espacio, el JR sacó al mercado una nueva imitación de aparador. Así llegamos al 2016: con la fiebre de Jaime Rodríguez “El Bronco” en Nuevo León, el JR decidió que la botarga azul ya no vendía y se compró el disfraz de independiente. Guardó los trajes, se calzó las botas y ensayó un lenguaje rudo para buscar la alcaldía de Reynosa. El junior de zona residencial pretendió ser un indomable hombre de campo, pero los ciudadanos olieron el fraude del diseño y lo mandaron directo al tercer lugar.
Ahí radica la principal contradicción del político que hoy busca convertirse en gobernador de Tamaulipas. Cuando se revisa su historial electoral, aparece un dato humillante e imposible de ignorar: de las cuatro veces que ha buscado el voto directo en su natal Reynosa, el JR solo sabe perder. El electorado que mejor lo conoce lo ha rechazado sistemáticamente sin importar el disfraz que se ponga:
Perdió Reynosa en 2009 buscando la diputación federal bajo las siglas del PAN. Perdió la alcaldía de Reynosa en 2013 vestido de azul. Perdió nuevamente la alcaldía en 2016 como el remedo «independiente» de bota y sombrero. Y volvió a perder la alcaldía en 2018, ya colgado de la ola de Morena, cuando Maki Ortiz le puso una paliza en las urnas.
¿Cómo llegó entonces al Senado un personaje que no puede ganar ni en su propia casa? Porque las únicas victorias electorales de su carrera han llegado cuando otros cargaban con el peso principal de la campaña.
La primera ocurrió en la elección extraordinaria de 2023, una contienda marcada por una participación ciudadana históricamente baja y por el control territorial que ya ejercía Morena en Tamaulipas. La segunda llegó en 2024, cuando fue colocado estratégicamente en la segunda fórmula al Senado, beneficiándose del arrastre nacional de Morena y de la fortaleza electoral de Olga Sosa en la primera posición.
Cada vez que al JR le ha tocado ser el piloto de una campaña ejecutiva en el territorio, el electorado lo ha rechazado. No tiene tracción propia; es un imitador que necesita el cobijo de estructuras más grandes para sobrevivir, transitando de la derecha patronal al populismo norteño y terminando refugiado en el guinda según la cotización del mercado.
Por eso resulta llamativo que hoy pretenda presentarse como un referente moral dentro de Morena. Antes de exigir certificados de pureza a los demás, tendría que explicar sus propios cambios de camiseta. Su trayectoria es el mapa de un político que transitó del PAN al experimento independiente y después a Morena, siguiendo siempre la ruta que pudiera abonar a sus aspiraciones políticas.
La verdadera ideología del JR nunca ha sido el PAN, Morena o las candidaturas independientes. Lo único permanente en su trayectoria ha sido su búsqueda obsesiva del poder.
Ahí están los hechos. Que cada quien saque sus conclusiones.









