Martín Díaz / Periodismo con Firma
La Escena. La diputada Judith Katalyna Méndez Cepeda sube a la tribuna del Congreso de Tamaulipas. Habla de «derechos humanos», de «infancias» y de «vivienda adecuada». El discurso es impecable, casi poético. Pero en la política, lo que brilla suele ser oropel. Detrás de la retórica de la legisladora no hay un plan para los tamaulipecos; hay un manual de instrucciones enviado desde la Ciudad de México.
El Fondo. No se confunda. Lo que el Congreso aprobó por unanimidad —esa cifra que siempre debería encender las alarmas— no es una mejora social. Es una claudicación legislativa. Reformaron el Artículo 17 de la Constitución local y la Ley de Vivienda para «armonizarse» con el centro. Traducido: le pavimentaron el camino al Infonavit para que traiga al norte su modelo de hacinamiento vertical.
La Geografía Ignorada. Méndez Cepeda parece desconocer el estado que representa. O peor: lo conoce y ha decidido ignorarlo. En Tamaulipas el sol no perdona; el termómetro marca 45 grados y el concreto no olvida. Intentar vender departamentos de 60 metros cuadrados como «vivienda digna» en una tierra donde sobra espacio pero falta aire, es un insulto. En el centro del país la verticalidad es falta de tierra; en Tamaulipas, es falta de escrúpulos.
La Complicidad. Lo de Morena es obediencia ciega. Lo de la oposición es entreguismo puro. Los 36 diputados de todas las siglas levantaron la mano sin cuestionar, sin leer la letra chiquita y sin consultar a los Colegios de Arquitectos o Ingenieros. Se convirtieron en comparsas de una «agenda chilanga». Prefirieron la foto de la unidad y el visto bueno de sus dirigencias nacionales que defender la identidad urbana de su propia gente.
El Retroceso. Regresamos a los años ochenta. El Estado como constructor, juez y parte. Es la fórmula probada del fracaso: materiales de quinta, contratos para los amigos y casas que se cuartean antes de que el trabajador reciba las llaves. Al eliminar la competencia bajo el disfraz de «sostenibilidad», el Congreso le quita al ciudadano su última defensa.
Post Scriptum. Hablar de bienestar infantil mientras se pavimenta el camino al hacinamiento vertical es, en el mejor de los casos, ignorancia. En el peor, es una traición cínica. La propuesta de la diputada Katalyna podrá escucharse «muy linda» en el diario de debates, pero apesta a sumisión.
Los 36 diputados que hoy levantaron la mano por consigna han preferido ser empleados del centralismo que representantes de su tierra. En el Congreso de Tamaulipas, la disciplina partidista y la ambición electoral valen más que la dignidad de los tamaulipecos.









