Por Martín Díaz / La Nube
Reynosa, Tamaulipas. — Este lunes se inaugurará el Centro de Bachillerato Tecnológico Industrial y de Servicios (CBTIS) No. 302, en la colonia Vista Alta, una obra educativa que representa una inversión municipal de 29 millones de pesos. Sin embargo, más allá de las aulas nuevas y los módulos sanitarios, lo que ha levantado cejas y críticas es el nombre que llevará: Dra. Maki Esther Ortiz Domínguez, madre del actual alcalde, Carlos Peña Ortiz.
Sí, leyó bien. El hijo pone la lana —perdón, los recursos del Ayuntamiento— y la madre se lleva el homenaje. ¿Coincidencia? Difícil de creer.
¿Y la ley qué dice?
Aunque a simple vista parezca un simple gesto de cariño filial, existen fundamentos legales y principios éticos que podrían invalidar o, al menos, cuestionar severamente esta decisión.
Artículo 134 Constitucional: Este artículo establece que los recursos públicos deben utilizarse con imparcialidad y sin influir en la equidad de la competencia entre partidos políticos o personas. Destinar recursos para obras que promuevan nombres de familiares directos, en especial en época preelectoral, podría interpretarse como promoción personalizada con recursos públicos.
Ley General de Responsabilidades Administrativas (LGRA): En su artículo 7 se prohíbe a los servidores públicos utilizar su cargo para obtener beneficios personales o para terceros. En este caso, aunque Maki Ortiz no recibe un beneficio económico directo, sí se fortalece su imagen pública, lo que puede considerarse un uso indebido del cargo con fines políticos o personales.
Regulación de Nombres en Escuelas Públicas: De acuerdo con lineamientos de la SEP y de la DGETI, las instituciones educativas deben llevar nombres que representen valores universales, figuras históricas o personajes fallecidos de reconocida trayectoria. No hay norma explícita que lo prohíba tajantemente, pero sí hay precedentes de impugnaciones cuando se trata de personas vivas, y más aún, familiares de la autoridad en funciones que ejecuta la obra.
Código de Ética del Servicio Público: Exige evitar conflictos de interés reales o aparentes. Y aquí no hay ni que rascarle mucho: el alcalde le pone el nombre de su mamá a una escuela hecha con dinero del pueblo. ¿Así o más aparente?
El fondo del asunto
La obra como tal es loable y necesaria para el sur poniente de Reynosa. Pero empañarla con una decisión que raya en el nepotismo simbólico y en la promoción política anticipada, es una cachetada a la inteligencia ciudadana.
Nombrar un plantel público con recursos públicos en honor a la madre del alcalde es un acto que puede considerarse una falta administrativa grave, y más si se toma en cuenta el contexto político: Maki Ortiz no ha dejado de figurar como aspirante a distintos cargos, mientras su hijo mantiene el control del municipio.
¿Quién se atreve a detener esto?
Cualquier ciudadano podría presentar una queja ante la Contraloría Municipal, la Auditoría Superior del Estado, o incluso ante la Secretaría de la Función Pública, solicitando una revisión del procedimiento para la asignación del nombre, bajo el argumento de un posible conflicto de interés y uso indebido de recursos públicos.
Mientras tanto, la pregunta queda en el aire: ¿El CBTIS 302 será un símbolo de educación o el monumento a un descarado culto a la personalidad?